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7.28.2015

Aprender a soltar

Nos conocimos vía internet, como con todos los últimos de mi vida. Con algunos hablaba dos o tres días, con él un mes y poco más, antes de conocernos. No había mucho esfuerzo para sacar charlas, nos fluían libremente, como si fuéramos conocidos de más tiempo. Nunca faltaron los mensajes de 'Buen día', la excusa perfecta para hablar los siete días de la semana. Después del mes, sentía que debíamos vernos, ¿ésto es real? ¿Qué quiere de mí? ¿Podemos avanzar? Hasta que llegó el día... Pasé las 24 horas anteriores pensando (obviamente) qué ponerme, qué le preguntaría, qué haríamos.
Jueves a la noche, la tan esperada cita. Ya había escuchado su voz por los audios de whatsapp, pero en conjunto con su mirada y su sonrisa, eran la perfección. Era como se mostraba. Morocho. Ojos profundos. Sonrisa hermosa. Brazos... Bueno, ¿para qué seguir? Era un sueño, físicamente hablando. Sentí ese cosquilleo que no me dejó tranquila, hasta que rozó mi mano. Luego del plan, salimos a caminar.
Parque. Cielo estrellado. Tiempo templado. Si había momento justo, era ese. Sabía cómo hacerse desear, hasta que caí en sus encantos. Ese tacto, esa suavidad, esos brazos fuertes que me rodearon la cintura fueron el condimento que faltaba. A centímetros me confesó su nerviosismo y que le gustaba. No se me ocurrió mejor idea que acercarme y besar sus labios... Una y otra vez. Eran un vicio...  vicio. Y esos abrazos, ¡los esperaba hace bastante tiempo!
Fin de la cita. Más mensajes. Más salidas. Todo encajaba...
Pensaba que quizás era momento de que me llegara "eso" que a todos les llega a esta edad. Nos conocimos más y admito que no es perfecto, pero al menos era lo que yo quería. Pasamos meses así hasta aquella tarde que, tomando coraje, le dije que "quería más", que la pasaba muy bien con él, que en el día pensaba miles de veces en su todo, que no había noche que no recordara ese primer beso, que anhelaba un abrazo confortante como él sólo me los daba (sin caer en obsesiones ni cursilerías, ¿no?). Su reacción no fue la que esperaba. Sólo dijo "Estamos bien, no quiero ataduras, disfrutemos lo que tenemos." Compartí lo del disfrutar... Pero quería que ese disfrute sea seguro y que me dure más días, más semanas.
Como buena optimista, descansé, hablé con mi almohada y repasé mi pasado. Estaba bien lo que él pensaba, era lo mismo que yo quería... Hace un tiempo atrás. Lo disfruté como pude. Me hice feliz a su lado, pero cada día que pasaba me alejaba un poco. Mi vida estaba dando un vuelco, miraba las cosas con otros lentes, yo no era la de años atrás. Quería más, como se lo dije. Así que sólo pedí una cita más para despedirme. No podía seguir siendo hipócrita conmigo misma, estaba cambiando, y esa "relación" no encajaba con ese cambio. Sí, quizás tardé en comprender que era momento de soltar-lo, pero lo hice, así con toda la frialdad que me caracterizaba. ¿Para qué estar con alguien que no me da lo que quiero? ¿Por qué contentarme con una tarde y nada más? ¿Y si la jugaba de "ganador" y hacía lo mismo con otras mujeres?
Le puse un punto final, de la misma manera en que comenzamos esta historia. Agarré el celular y mandé un último audio de whatsapp:
"No estoy para estos juegos. Fue un placer conocerte y compartir con vos una parte de mi vida. Gracias por los abrazos, no te los volveré a pedir. Hasta luego, pronto, o nunca; veremos a dónde nos lleva la vida. Hoy tengo que dejarte ir. Besos"
Es momento de darle fin a todo lo que pude darle.


..........
¡Hasta la próxima!
Marian-

2 comentarios:

Claudia X. Sánchez Marangado dijo...

Qué bonito.
Conocí a mi novio por internet y bueno... me mandaste a los inicios.
Beso
http://yonosoychicaporno.blogspot.com/

Marianela Fernández Armesto dijo...

Wau, ¡qué lindo lo tuyo! :)
Espero que hayan sido buenos inicios... ¡Gracias por comentar! Besos